La supervisión grupal ofrece un espacio de aprendizaje compartido, donde la experiencia clínica individual se enriquece con la mirada del
grupo. A través del intercambio respetuoso y el trabajo con casos concretos, se profundiza la comprensión de los procesos vinculares y del modelo TFE, favoreciendo una práctica más segura, coherente y sostenida en el tiempo.